adolescenti erano in veranda con i loro telefoni levati. Uno grababa mentre l’altro imitaba con la voce di ultratumba. «Hay qualche ahí, signora Rosini?» Quando lei passò insieme al porto, fingieron non verla, ma le sue risate risuonarono dietro di lei come un eco crudele.
Durante un istante sintió la vieja punzada del pasado, la sensazione di essere osservato con lástima o burla, ma la casa se alzó ante ella firme, silenziosa e eso bastó per devovolverle el equilibrio. Abrió la puerta, cerró con el cerrojo y dejó las bolsas sobre el suelo. Los niños corrían por el pasillo superior y sus pasos hacían crujir las tablas del suelo. “Mamma, ven a ver esto.” La voce di Jona bajaba desde lo alto. Lidia subió las scaleras limpiándose las manos en el delantal.
In uno dei quattro angoli incontriamo un armadio pieno di polvere e dietro l’hotel una grigia dove si
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